Para abrir el corazón, primero hay que tocar tierra

Límites, raíces y la posibilidad de sentirnos en casa dentro de nuestro propio cuerpo.

Hay una idea bastante extendida: que abrir el corazón significa bajar todas las defensas. Decir que sí. Estar disponibles. Dejar entrar.

Pero ¿y si para abrirnos de verdad necesitáramos, antes, sentir que tenemos un suelo firme bajo los pies?

Desde la mirada de la Gestalt, el límite no es solamente aquello que nos separa. Es también el lugar en el que entramos en contacto con el mundo: la frontera viva que me permite saber dónde termino yo y dónde empieza el otro.

Un límite puede cerrarnos, sí. Pero también puede definirnos, protegernos y devolvernos a casa.

Un límite puede cerrarnos, sí. Pero también puede definirnos, protegernos y devolvernos a casa.

La tierra: el lugar desde el que puedo decir «yo»

El próximo 18 de octubre BodyLAB comienza con Tierra, el primero de los nueve encuentros de este ciclo.

Exploraremos quién soy dentro de mis propios límites. Esos límites que me definen y me defienden. El espacio íntimo en el que no tengo que demostrar nada, justificarme ni complacer a nadie.

Lo haremos a través del movimiento, llevando la atención a los puntos de apoyo con los que entramos en contacto con la tierra que nos sostiene. Observaremos dónde el cuerpo se bloquea, dónde se contiene y dónde todavía le cuesta ocupar su lugar. No para forzarlo a cambiar, sino para empezar a escucharlo y, poco a poco, ofrecerle otras posibilidades.

También trataremos de hacer las paces con una necesidad muy primaria: la de definirnos. La de decir no cuando algo no nos hace bien. La de reconocer dónde pertenecemos y en qué lugares podemos sentirnos verdaderamente en casa.

Cuando decir «no» parece una culpa

¿Cuántas veces te has hecho la guerra por un comentario que no le gustó a otra persona?

¿Cuántas veces te has sentido equivocada por decir que no cuando todo el mundo esperaba de ti una respuesta afirmativa?

¿Cuántas veces has notado con claridad lo que necesitabas y, aun así, has elegido no escucharte?

Al principio, poner un límite puede dejar una sensación incómoda. Aparecen la culpa, la duda o el miedo a decepcionar. Pero, con el tiempo, algo se recoloca. Cuando aprendemos a escuchar nuestras necesidades y podemos decir que no sin luchar contra nosotras mismas, llega una calma profunda.

No la calma de haber agradado a todo el mundo, sino la de no habernos abandonado.

Raíz y corazón

En algunas tradiciones corporales y energéticas —y también en la práctica de Río Abierto—, el enraizamiento y el centro del pecho se comprenden como espacios relacionados.

No porque sean lo mismo, sino porque resulta difícil abrirse cuando una no se siente sostenida. Cuando no sé dónde están mis límites, abrir el corazón puede confundirse con exponerme, ceder o entregarme demasiado. Cuando siento mis pies, mi peso y mi lugar, la apertura deja de ser indefensión: se convierte en una elección.

Quizá el corazón no necesite que derribemos todas las paredes. Quizá necesite una casa segura desde la que poder abrir la puerta.

El apoyo empieza en los pies

En el vídeo que acompaña este artículo observamos el apoyo del cuerpo desde su dimensión más física: la anatomía de los pies y la biomecánica de un gesto tan cotidiano como extraordinario, estar de pie sobre dos piernas.

Los pies reciben nuestro peso, se adaptan al suelo y participan continuamente en la búsqueda del equilibrio. Sin embargo, muchas veces vivimos lejos de ellos: con la atención instalada en la cabeza, en lo que toca hacer, en lo que esperan de nosotras o en lo que creemos que deberíamos ser.

Volver a los pies es volver al presente. A la gravedad. Al cuerpo real.

El próximo 18 de octubre BodyLAB comienza con Tierra, el primero de los nueve encuentros de este ciclo.

Una pequeña práctica para probarlo en tu cuerpo

Busca una música tribal, con percusión o con un ritmo que te invite a marchar.

Deja que los pies encuentren el suelo. Pisa, marcha, empuja suavemente hacia abajo. Busca el impacto sin violencia, con la intensidad que hoy sea amable para tu cuerpo.

Después, deja que tus manos y tus brazos dibujen el espacio que necesitas alrededor de ti. Marca tus límites. Acércate. Aléjate. Di no con el gesto si aparece. Baila y suelta todo aquello que necesites bailar y soltar.

Al terminar, quédate de pie, inmóvil, durante unos instantes.

Y escucha:

  • ¿Cómo sientes ahora el centro del pecho?
  • ¿Qué ocurre en el espacio entre los omóplatos?
  • ¿Dónde está tu barbilla?
  • ¿Cómo entra y sale el aire?
  • ¿Notas más espacio, más fuerza, más calma… o algo completamente distinto?

No busques una respuesta correcta. Solo observa lo que está vivo en ti.

Un lugar donde traerlo todo

Me encantará saber qué has sentido. Puedes contármelo por aquí o venir a explorarlo directamente en BodyLAB.

Quedan solo tres plazas, tanto para realizar el ciclo completo como para venir a esta sesión de manera puntual.

Ven a bailarte. Ven a conocerte de cerca, con toda la honestidad que puedas. Y, si te da corte, tráete a una amiga.

BodyLAB es un lugar amable. Un espacio de movimiento y transformación en el que también cabe la mochila que traes. No tienes que dejarla fuera ni fingir que pesa menos. Puedes llegar con ella, escucharla y, quizá, empezar a soltar algo de su peso.

Para volver a sentirte sostenida. Para abrir espacio. Para dejar que tu energía vuelva a vibrar libre.

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