Cuando pensar demasiado nos impide movernos
Sobre la vergüenza al bailar, la parálisis por análisis y el valor de dar el primer paso.
Hay un instante que sucede justo antes de empezar a bailar.
La música ya ha comenzado. El cuerpo reconoce el ritmo y algo dentro de ti quisiera seguirlo. Pero, antes de que el movimiento llegue a suceder, aparece una mirada.
No siempre es la mirada de otra persona.
Muchas veces es la tuya.
Te observas desde fuera. Te preguntas qué hacer con los brazos, si te estás moviendo demasiado, si lo haces bien o si alguien puede pensar que resultas ridícula.
Entonces, un impulso que era natural se convierte en una decisión complicada.
¿Por qué sentimos vergüenza al bailar?
En The Dance Cure, Peter Lovatt reflexiona sobre una contradicción profundamente humana: bailar es una conducta antigua y natural, presente desde hace milenios en nuestra forma de relacionarnos y celebrar y, sin embargo, podemos sentirnos extraordinariamente cohibidas cuando llega el momento de movernos.
Lovatt nos invita a imaginar algo casi absurdo: un pájaro avergonzado de la intensidad de su plumaje. O una abeja que decidiera no realizar su danza porque teme que las demás abejas piensen que tiene un aspecto estúpido.
Nos parece extraño porque los seres humanos poseemos una capacidad especialmente desarrollada para observarnos, evaluarnos y emitir juicios sobre lo que hacemos.
No solo nos movemos.
También podemos mirarnos mientras nos movemos y decidir, en tiempo real, si aquello que aparece nos parece correcto, bello o suficientemente válido.
Esa capacidad es útil. Nos permite comprender los códigos de un grupo, anticipar las consecuencias de nuestras acciones y convivir con otras personas.
Pero, cuando ocupa todo el espacio, también puede alejarnos de nuestros impulsos más espontáneos.
No nos falta el deseo de bailar.
Nos sobra la mirada que lo examina.
Cuando escucharte se convierte en vigilarte
Ser consciente de una misma no es algo negativo.
El problema aparece cuando esa conciencia deja de ser escucha y se convierte en vigilancia.
Ya no siento el cuerpo desde dentro: empiezo a contemplarlo como imagino que lo ven los demás.
¿Tengo ritmo?
¿Estoy ocupando demasiado espacio?
¿Se nota que no sé qué hacer?
¿Qué pensarán de mí?
La atención abandona los pies, la respiración y el placer de la música para instalarse en una especie de tribunal imaginario.
Y el cuerpo, bajo juicio, se hace pequeño.
Se endurecen los hombros. Se contiene la respiración. Los movimientos se vuelven prudentes, casi invisibles.
Hasta que, finalmente, dejamos de movernos.
La parálisis por análisis también vive en el cuerpo
Solemos hablar de parálisis por análisis cuando damos tantas vueltas a una decisión que terminamos sin actuar.
Pero no ocurre solamente delante de una lista de ventajas e inconvenientes.
También puede suceder al movernos.
Intentamos decidir cuál debería ser el gesto antes de permitir que aparezca. Queremos saber cómo será la experiencia antes de vivirla. Esperamos sentirnos seguras antes de hacer precisamente aquello que podría ayudarnos a construir esa seguridad.
Pensamos tanto el movimiento que el movimiento ya no encuentra por dónde salir.
La trampa está en creer que primero llegará la confianza y después daremos el paso.
Muchas veces sucede al revés.
La confianza empieza a crecer después de haber atravesado la puerta. Después de haber escuchado la música. Después de comprobar que nadie nos estaba examinando y que no había nada que demostrar.
La ropa, el personaje y las frases que nos protegen
Cuando sentimos vergüenza al bailar, podemos escondernos de muchas maneras.
Debajo de una ropa que trata de volvernos invisibles.
Detrás de un personaje que siempre tiene todo bajo control.
Dentro de frases que parecen perfectamente razonables:
No tengo tiempo.
No tengo coordinación.
Estas cosas no son para mí.
Cuando esté más en forma, empezaré.
Cuando me sienta más segura, lo haré.
Sería injusto tratar estas frases como simples excusas.
A menudo son formas inteligentes de protección.
Quizá aprendimos que exponernos era peligroso. Que llamar la atención traía consecuencias. Que el cuerpo debía comportarse de una manera determinada. Que algunas personas podían bailar y otras debían quedarse mirando.
Algunas corrientes de psicoterapia comprenden este conflicto como una tensión entre nuestros deseos naturales y las normas sociales, culturales o religiosas que hemos ido incorporando.
La historia de Footloose, con su prohibición del baile y de la música rock, representa esta tensión de una forma evidente.
En nuestra vida cotidiana, la prohibición suele ser mucho más silenciosa.
Nadie tiene que decirnos que no bailemos porque la norma ya habla desde dentro.
Por eso no se trata de luchar contra el personaje ni de arrancarnos la protección.
Se trata de preguntarnos si todavía la necesitamos siempre.
Hay todo un mundo queriendo salir a la luz
Quizá sientes que necesitas una guía, un camino o un espacio que te ayude a acercarte a ti.
Te encantaría decirte que sí.
Pero, precisamente porque eres consciente de todo lo que ocurre dentro, ves también las dudas, los miedos, las resistencias y las razones para no hacerlo.
Y acabas retrocediendo.
Te escondes debajo de la ropa, de las palabras conocidas, de la versión de ti que ya sabes representar.
Mientras tanto, dentro puede seguir existiendo todo un mundo que quisiera salir a la luz.
Una parte de ti que quiere moverse sin pedir permiso.
Respirar más hondo.
Ocupar su espacio.
Sentirse menos observada y más viva.
Dar el paso no significa traicionar a la persona prudente que has sido hasta ahora. Significa permitir que también exista esa otra parte.
Cómo perder la vergüenza al bailar
Tal vez el objetivo no sea perder toda la vergüenza antes de empezar.
Esperar a que desaparezca puede convertirse en otra manera de aplazar el movimiento.
Podemos comenzar de una forma más amable.
Cambia la pregunta
En lugar de preguntarte «¿lo estoy haciendo bien?», prueba con:
¿Qué estoy sintiendo?
La primera pregunta te lleva hacia fuera. La segunda te devuelve al cuerpo.
Empieza con algo pequeño
No necesitas ocupar toda la sala.
Puedes sentir el peso de los pies, balancearte, respirar o permitir que una sola parte del cuerpo responda a la música.
Un movimiento pequeño también es movimiento.
Elige un espacio sin exigencia
Busca una práctica en la que no tengas que aprender una coreografía perfecta ni demostrar experiencia.
La seguridad no depende únicamente de tu voluntad. También se construye en relación con el espacio y con las personas que te acompañan.
Deja que la incomodidad venga contigo
Dar el paso no significa dejar el miedo en casa.
Puedes traer la vergüenza, la duda y el nerviosismo.
No tienen que desaparecer para que tú puedas empezar a moverte.
Recuerda que expresarte no es exhibirte
Bailar no siempre consiste en ser vista.
A veces es una manera de escucharte.
El movimiento puede ser profundamente íntimo incluso cuando sucede en compañía.
Decirte que sí
Decirte que sí no significa comprometerte a convertirte en otra persona.
Tampoco prometer que nunca volverás a sentir vergüenza.
Significa ofrecerle una oportunidad a quien ya eres.
Reservar un tiempo.
Entrar en una sala.
Sentir los pies en el suelo.
Dejar que la música haga una pregunta y permitir que el cuerpo responda.
No necesitas sentirte completamente preparada para empezar.
A veces, la preparación llega después del primer paso.
Tres espacios para dar el paso
Si quieres entrar en la pista de baile y darte la oportunidad de expresarte, hay tres lugares que te esperan en Barcelona.
BodyLAB · Un encuentro al mes
Un laboratorio de movimiento para explorar el cuerpo, la emoción y la presencia.
El primer encuentro será el domingo 18 de octubre, de 11:00 a 13:30, y estará dedicado a Tierra: enraizarnos, reconocer nuestros apoyos y descubrir que, a veces, para elevarnos primero necesitamos sentir el suelo.
Puedes realizar el ciclo completo o venir a una sesión suelta.
Movimiento +55 · Cada lunes a las 10:00
Un espacio para cultivar fuerza, movilidad y confianza, respetando la energía del otoño y cuidando el cuerpo desde una perspectiva biomecánica del movimiento.
Y también para disfrutar del ritmo, de la música y de muchos momentos de baile.
QUIERO CONOCER MOVIMIENTO +55 >
Movimiento expresivo y danza Mamá & Bebé · Lunes a las 11:30
Un nuevo espacio en El Refugi de les Mares donde la maternidad también puede bailarse.
Música, movimiento libre y expresión corporal para volver a sentirte y compartir con tu bebé una experiencia hecha de ritmo, juego y ternura.
La clase abierta gratuita será el 26 de octubre a las 11:30.
QUIERO CONOCER MOVIMIENTO EXPRESIVO Y DANZA MAMÁ & BEBÉ >
No necesitas dejar de tener miedo. Solo encontrar una forma suficientemente amable de empezar.
Texto inspirado en las reflexiones de Peter Lovatt en The Dance Cure sobre el baile, la autoobservación y las formas en que el juicio puede inhibir nuestros impulsos naturales.
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