¿Vamos a por tapas? La disciplina también puede ser una forma de amor
Hay días en los que el cuerpo pide descanso.
Y hay que escucharlo.
Hay días en los que parar no solo es necesario, sino profundamente sabio. El cuerpo habla, y una parte muy importante del camino —en yoga, en danza, en la vida— consiste en aprender a reconocer cuándo estamos forzando de más, cuándo estamos desconectadas, cuándo necesitamos bajar el ritmo.
Pero también hay otros días.
Días en los que no estás cansada: estás dispersa.
Días en los que no necesitas abandonar: necesitas sostener.
Días en los que el cuerpo no está diciendo “para”, sino la mente diciendo “no me apetece”.
Y aquí empieza una de las prácticas más interesantes —y menos cómodas— del yoga: Tapas.
Tapas no son solo las de la terraza
Tapas, en sánscrito, significa calor, fuego, ardor, austeridad o disciplina. Viene de la raíz tap, relacionada con calentar, arder, generar fuego interno. En la tradición del yoga, Tapas no habla de castigarte ni de convertir la práctica en una batalla contra ti misma. Habla de cultivar ese fuego estable que te permite transformarte desde dentro.
En los Yoga Sutras de Patanjali, Tapas aparece como parte de Kriya Yoga junto a Svadhyaya —el estudio de uno mismo— e Ishvara Pranidhana —la entrega o la capacidad de soltar el resultado—. También forma parte de los Niyamas, las prácticas de observancia personal que nos ayudan a vivir con más claridad y coherencia.
Es decir: Tapas no es “hacer por hacer”.
Tapas es compromiso con dirección.
Es la decisión de no vivir como una veleta, movida únicamente por el ánimo del día, por la pereza, por la exigencia o por el ruido externo. Es empezar a coger el timón de tu propio barco y preguntarte: ¿hacia dónde quiero ir realmente?
Escucharte no siempre significa obedecer la primera resistencia
En los últimos años hemos hablado mucho —y con razón— de escuchar el cuerpo. Venimos de una cultura muy exigente, muy productiva, muy desconectada de los ritmos internos. Así que sí: escucharte es fundamental.
Pero escucharte no significa convertir cada incomodidad en una señal de alarma.
A veces el cuerpo necesita descanso.
A veces necesita movimiento.
A veces necesita suavidad.
A veces necesita estructura.
A veces necesita que dejes de negociar contigo misma cada vez que aparece el aburrimiento.
Porque una cosa es respetarte y otra muy distinta es abandonarte.
Tapas vive justo en ese punto medio: no empujar desde la violencia, pero tampoco desaparecer de tu propio camino.
Es la práctica de sostener algo que has elegido conscientemente incluso cuando no aparece la motivación perfecta, el día perfecto o la energía perfecta.
Lo que dice la neurociencia sobre el esfuerzo sostenido
Desde la neurociencia, hay una zona del cerebro especialmente interesante cuando hablamos de esfuerzo, constancia y tenacidad: la corteza cingulada anterior, especialmente la corteza cingulada media anterior o aMCC.
Una revisión publicada en Cortex describe la aMCC como un nodo importante para calcular el coste y el beneficio del esfuerzo, y la relaciona con la tenacidad: esa capacidad de seguir orientados hacia un objetivo incluso cuando aparece la dificultad.
Otros estudios han vinculado la corteza cingulada anterior con el control cognitivo, la gestión del conflicto, la toma de decisiones difíciles y la capacidad de sostener una acción cuando requiere esfuerzo. Incluso hay estudios de estimulación cerebral en humanos donde la activación de esta zona generó una sensación subjetiva de “voluntad de perseverar” ante un reto.
Esto no significa que haya un botón mágico de la fuerza de voluntad. El cerebro es bastante más complejo que eso. Pero sí nos permite decir algo muy valioso: cuando practicas sostener una tarea difícil, repetitiva o incómoda de forma consciente, estás entrenando redes relacionadas con la regulación, el esfuerzo y la adaptación.
Dicho de forma sencilla: el compromiso también es un músculo.
Y como todo músculo, no se fortalece solo con pensarlo. Se fortalece practicando.
El aburrimiento también es una puerta
Una de las grandes trampas de nuestra época es creer que si algo no nos estimula inmediatamente, no sirve.
Nos aburrimos y cambiamos de pantalla.
Nos frustramos y abandonamos.
Nos cuesta y buscamos otra cosa.
Nos incomodamos y pensamos que “no es para nosotras”.
Pero muchas transformaciones importantes empiezan justo después de ese primer impulso de huida.
Cuando repites un movimiento sencillo durante varios minutos.
Cuando mantienes una respiración aunque la mente se queje.
Cuando vuelves a la esterilla aunque hoy no tengas ganas.
Cuando sostienes una clase, un proceso, un aprendizaje o un compromiso más allá del entusiasmo inicial.
Ahí aparece Tapas.
No como dureza.
No como autoexigencia.
No como “tengo que poder con todo”.
Sino como una pregunta íntima:
¿Qué parte de mí quiero alimentar hoy?
La parte que se dispersa.
O la parte que aprende a quedarse.
Por qué hablamos de Tapas en nuestras clases de Salud y Bienestar
En Trémolo Dansa hemos empezado a ofrecer clases semanales bajo el paraguas de Salud y Bienestar, y una de las cosas que queremos fomentar es precisamente esto: el compromiso con una misma.
No desde la obligación.
No desde el “deberías”.
No desde la presión estética ni desde el rendimiento.
Sino desde una pregunta más honesta:
¿Qué pasaría si dejaras de tratar tu bienestar como algo opcional?
A través del cuerpo podemos explorar temas que, en abstracto, a veces se quedan demasiado lejos. Podemos hablar de constancia, pero otra cosa es sentir lo que ocurre cuando sostienes un movimiento. Podemos hablar de límites, pero otra cosa es habitarlos. Podemos hablar de presencia, pero otra cosa es descubrir que tu respiración puede ser un refugio real cuando la mente empieza a protestar.
Por eso las clases tienen diferentes intensidades, para que cada persona pueda encontrar el lugar desde el que empezar:
Yoga Prenatal — intensidad OO
Un espacio suave, consciente y adaptado para acompañar el cuerpo durante el embarazo.
Fuerza y Vitalidad +55 — intensidad OO
Una clase pensada para cuidar la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la confianza corporal.
Yoga Danza — intensidad OOO
Una práctica de movimiento consciente donde el yoga, la danza y la escucha corporal se encuentran.
Body Flow — intensidad OOOO
Una clase más dinámica para movilizar energía, fluidez, fuerza y presencia.
Pilates Fusion — intensidad OOOO
Un trabajo más intenso y estructurado para fortalecer el centro, mejorar la postura y activar el cuerpo con consciencia.
No se trata de “aguantar” una clase que no va contigo. Se trata de encontrar la puerta adecuada para ti y, desde ahí, empezar a construir una relación más estable con tu cuerpo.
Práctica para casa: una meditación en movimiento
Te propongo una práctica muy sencilla, inspirada en el yoga kundalini, para empezar a experimentar Tapas en casa.
No necesitas material especial. Solo unos minutos, un poco de espacio y la disposición a observar qué ocurre cuando repites algo más allá del primer “ya está, ya me he cansado”.
Siéntate o colócate de pie con la espalda larga.
Elige un movimiento simple: por ejemplo, abrir y cerrar los brazos a la altura del pecho, elevarlos y bajarlos suavemente, o balancear el cuerpo de lado a lado con presencia.
Pon un temporizador de 3 minutos.
Durante ese tiempo, repite el mismo movimiento con una respiración consciente. No busques hacerlo bonito. No busques hacerlo perfecto. Solo repite, respira y observa.
Al cabo de poco tiempo, probablemente aparecerá la mente:
“Qué tontería.”
“Ya es suficiente.”
“Me aburro.”
“No veo para qué sirve.”
“Podría estar haciendo otra cosa.”
Ese es el momento interesante.
No porque tengas que sufrir, sino porque puedes mirar la incomodidad sin obedecerla de inmediato. Puedes seguir un poco más. Puedes respirar dentro de la resistencia. Puedes descubrir que no todo impulso necesita convertirse en una decisión.
Ahí entrenas la voluntad.
Ahí entrenas la regulación emocional.
Ahí entrenas el desapego del juicio interno.
Ahí descubres que la respiración puede sostenerte cuando la mente protesta.
Cuando termines, quédate unos segundos en quietud. Nota el cuerpo. Nota la energía. Nota si algo ha cambiado.
No hace falta que sea espectacular.
Tapas no siempre llega como una revelación. A veces llega como una pequeña victoria íntima: hoy no me abandoné.
Nada pasa por casualidad
La constancia no es sexy al principio.
No tiene el brillo de lo nuevo. No da resultados inmediatos. No siempre apetece. Pero tiene algo mucho más valioso: construye confianza.
Cada vez que eliges volver a ti, aunque sea un poco, te estás diciendo algo.
Estoy aquí.
Puedo sostenerme.
Puedo elegir una dirección.
Puedo dejar de ir como una veleta.
Puedo coger el timón.
Eso también es yoga.
No solo la postura.
No solo la flexibilidad.
No solo la calma.
Yoga también es la capacidad de comprometerte con tu vida.
De encender un fuego interno que no quema, sino que ilumina.
Y quizá de eso va Tapas: de aprender a quedarte contigo el tiempo suficiente como para transformarte.
Si estás buscando estar en forma con consciencia, moverte sin desconectarte de ti y construir una relación más amorosa —y más comprometida— con tu cuerpo, este es tu lugar.
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