¿Qué te estás contando sin darte cuenta?
Un ejercicio de journaling para identificar las creencias que influyen en tus decisiones
Cuando nació mi primer hijo, hace casi nueve años, mi hermano me regaló El camino del artista para padres, de Julia Cameron.
Desde entonces he ido incorporando pequeños rituales que me ayudan a abrazar esta etapa tan intensa de la crianza y, al mismo tiempo, a crear un proyecto profesional y una forma de vida más sostenibles, más habitables y más humanas.
El journaling es una de las herramientas más preciosas que he encontrado para escucharme y comprender hacia dónde quiero seguir andando.
No porque cada vez que escriba encuentre una respuesta.
A veces aparecen más preguntas. Otras veces, una frase que no esperaba. Un cansancio que no había reconocido. Una necesidad que llevaba demasiado tiempo intentando hacerse escuchar.
Pero casi siempre sucede algo: lo que estaba dando vueltas dentro de mí empieza a tomar una forma.
¿Qué es el journaling y por qué puede ayudarnos?
El journaling es una práctica de escritura personal y reflexiva.
No necesitas escribir bien, construir un relato bonito ni llenar varias páginas. Tampoco hace falta hacerlo todos los días.
Se trata, sencillamente, de detenerte un momento y poner por escrito lo que estás pensando, sintiendo o viviendo.
Cuando escribimos, el diálogo interior tiene que ralentizarse.
La mente puede saltar en un instante de una preocupación a un recuerdo, de una tarea pendiente a una conversación imaginaria o a una idea sobre el futuro.
La mano, en cambio, necesita tiempo para recorrer el papel.
Una palabra.
Después otra.
Y otra más.
Al escribir, lo que parecía una maraña empieza poco a poco a mostrar sus hilos.
Yo me siento frente al cuaderno para bajar el volumen, ordenar lo que llevo dentro y darme un descanso.
Y desde ese lugar un poco más silencioso puedo volver a colocar las manos sobre el timón de mi pequeño barco.
Las creencias que actúan sin dejarse ver
Todas tenemos ideas sobre quiénes somos, qué merecemos y qué podemos o no podemos hacer.
Algunas son fáciles de reconocer:
No se me da bien hablar en público.
No tengo tiempo para cuidarme.
Pedir ayuda es una señal de debilidad.
Si descanso, estoy perdiendo el tiempo.
Para que algo tenga valor, tengo que esforzarme muchísimo.
A fuerza de repetirlas, estas frases pueden acabar pareciéndonos hechos objetivos. Sin embargo, muchas veces son interpretaciones que hemos construido a partir de nuestras experiencias, de lo que escuchamos durante la infancia o de aquello que en algún momento nos ayudó a protegernos.
Una creencia puede influir en nuestras decisiones sin que seamos plenamente conscientes de ello.
Nos hace evitar algunas situaciones, repetir determinados patrones o descartar posibilidades antes incluso de haberlas explorado.
El journaling puede ayudarnos a sacar esas ideas a la superficie para poder observarlas con un poco más de distancia.
No para juzgarnos.
No para obligarnos a pensar en positivo.
Solo para comprender mejor desde dónde estamos tomando algunas decisiones.
Un ejercicio de journaling: los cinco porqués
El ejercicio que quiero compartirte está inspirado en una propuesta del libro Cómo dejar de ser tu peor enemigo, de Alba Cardalda.
Solo necesitas un cuaderno, algo con lo que escribir y unos minutos sin interrupciones.
1. Elige un área de tu vida
Piensa en un aspecto de tu vida en el que sientas que no estás viviendo como te gustaría.
Puede estar relacionado con tu cuerpo, tus vínculos, la creatividad, el descanso, el dinero, la crianza o tu proyecto profesional.
Intenta partir de una situación concreta.
Por ejemplo:
No estoy comiendo de una manera que me haga sentir bien.
Llevo meses posponiendo un proyecto que me importa.
Me cuesta encontrar tiempo para descansar.
No consigo poner un límite en una relación.
2. Pregúntate por qué
Escribe la situación en la parte superior de la página y pregúntate:
¿Por qué está ocurriendo esto?
Responde con lo primero que aparezca, aunque te parezca demasiado sencillo, incómodo o poco elaborado.
No busques la respuesta correcta. Escribe la respuesta honesta.
3. Vuelve a preguntar
Lee lo que acabas de escribir y vuelve a preguntarte:
¿Por qué?
Después, hazlo de nuevo.
Cada respuesta será el punto de partida para la siguiente pregunta.
Es probable que necesites recorrer al menos cinco porqués antes de acercarte a la creencia que podría estar sosteniendo esa situación.
No es obligatorio llegar exactamente a cinco. Quizá necesites tres o quizá siete. Lo importante no es completar una fórmula, sino permitirte descender un poco más allá de la primera explicación.
Un ejemplo de los cinco porqués
Situación inicial: No estoy comiendo de una forma que me haga sentir bien.
¿Por qué?
Porque no planifico mis comidas con antelación.
¿Por qué?
Porque siempre estoy ocupada y siento que no tengo tiempo.
¿Por qué?
Porque priorizo mis responsabilidades por encima de mi bienestar.
¿Por qué?
Porque siento que cumplir con todo es más importante que cuidar de mí.
¿Por qué?
Porque, en el fondo, tengo miedo de no ser suficiente y creo que conseguir más cosas me hará sentir más valiosa.
Ahí aparece algo diferente.
El punto de partida parecía ser la falta de planificación. Sin embargo, debajo encontramos una idea relacionada con el valor personal:
Cuantas más cosas consiga, más valiosa seré.
Esa creencia podría estar influyendo no solo en la alimentación, sino también en el descanso, en la forma de vivir el trabajo o en la dificultad para decir que no.
No todos los límites son creencias
Este ejercicio no pretende decirnos que todos nuestros problemas están en nuestra mente.
A veces no tenemos tiempo porque realmente estamos sosteniendo demasiadas responsabilidades.
A veces faltan recursos, apoyo, descanso o unas condiciones materiales que nos permitan actuar de otra manera.
Y a veces el cuerpo sencillamente necesita parar.
La intención no es responsabilizarnos individualmente de todo lo que nos sucede ni convertir cada dificultad en una falta de voluntad.
El ejercicio puede ayudarnos a distinguir entre el límite que viene de fuera y la norma interior que hemos construido alrededor de él.
Quizá no puedas eliminar una responsabilidad, pero sí observar la creencia que te impide pedir ayuda.
Quizá dispongas de poco tiempo, pero descubras que incluso cuando aparece un espacio libre sientes que no tienes derecho a descansar.
Mirar hacia dentro no significa negar la realidad. Significa reconocer qué parte de esa realidad podemos empezar a relacionar de otra manera.
¿Qué hacer cuando aparece una creencia limitante?
Lo primero es no intentar corregirla inmediatamente.
No hace falta sustituirla por una frase positiva que todavía no puedes sentir como verdadera.
Si aparece una idea como solo soy valiosa cuando produzco, quizá responder soy valiosa simplemente por existir resulte demasiado lejano en ese momento.
Por ahora, basta con reconocerla.
Puedes escribir:
Esta es una idea que he aprendido, no necesariamente una verdad.
Después, deja que repose.
Observa durante los días siguientes cuándo aparece esa creencia, qué palabras utiliza y qué decisiones intenta tomar por ti.
También puedes preguntarte:
- ¿Recuerdo cuándo empecé a pensar así?
- ¿Esta idea fue útil o protectora en algún momento?
- ¿En qué situaciones no es cierta?
- ¿Qué le diría a una persona que quiero si pensara esto sobre sí misma?
- ¿Cómo sería tomar una pequeña decisión sin obedecer completamente a esta creencia?
No busques una transformación inmediata.
El simple gesto de reconocer una idea como una creencia —y no como una verdad absoluta— ya puede abrir un pequeño espacio.
Y a veces un espacio pequeño es suficiente para que aparezca otra posibilidad.
Una invitación para hoy
Busca un lugar tranquilo.
Abre tu cuaderno y elige una situación de tu vida que quieras comprender mejor.
Escribe la primera pregunta:
¿Por qué está ocurriendo esto?
Después, sigue el hilo.
Sin prisa.
Sin intentar llegar a una conclusión perfecta.
Sin exigirte resolverlo todo hoy.
Deja que cada respuesta te acerque un poco más a aquello que estaba actuando debajo de la superficie.
Quizá encuentres una creencia.
Quizá aparezca una necesidad.
Quizá descubras que el problema no estaba exactamente donde pensabas.
Sea lo que sea, escúchalo.
Por ahora, eso es suficiente.
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